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Me convertí en el héroe que desterró al protagonista – Prologo

“¡¿Estás loco?!”

En una apacible y cálida tarde de primavera, el grito de alguien me sacudió del sueño y parpadeé. Me había quedado dormido sentado en mi escritorio, aunque tenía un aspecto muy elegante para ser un escritorio. El revestimiento era excelente y la superficie relucía como si alguien acabara de encerarla y pulirla.

“Oh, ¿así que ahora no me lo vas a explicar?”.

Froté distraídamente el escritorio con la mano. Una mosca sobre la mesa vuela y esquiva mi mano. Verdaderamente uno de los males de este mundo.

BANG

“¡¡¡Tú…!!!”

Se oye el sonido de alguien golpeando el escritorio. Levanto la cabeza y miro al dueño de aquella voz. Era una mujer. ¿Tendría entre veinte y veinticinco años? Me pregunté si alguna vez en mi vida había visto a una mujer tan hermosa. Era una mujer de ojos oscuros, con una abundante y frondosa cabellera rubia que le llegaba hasta la cintura. Sus ojos brillaban como zafiros, hermosos y a la vez aterradores, pues estaban llenos de ira.

“Bien, si te vas a quedar así, sentado, como un estúpido y sin explicar nada, entonces me voy de este maldito grupo porque prefiero trabajar con Arjen que contigo”.

“¿Dejar el grupo? ¿Arjen?”

Entonces, contra mi voluntad, mi boca se abrió.

“¿Quién dice que puedes irte de este grupo?”

‘¿Por qué mi voz es tan áspera?’

Una voz baja, llena de narcisismo y fanfarronería, salió de mi boca. Sin embargo, no eran mis palabras, pero la mujer que me escuchó resopló con incredulidad.

“¡Ja! ¿A quién le importa lo que pienses? Puedo hacer lo que me plazca. No puedes retenerme aquí, y lo sabes”.

“Espera…”

Exclamé, pero me detuve rápidamente. La mujer sacudió la cabeza como si no valiera la pena escucharla. Su pelo rubio se movió junto con su cabeza.

“Es suficiente, no quiero saber nada más de ti. A menos que quieras causar conflictos con Tierra Santa, no me persigas ni me busques a partir de ahora”.

Zas.

Se dio la vuelta y se alejó. La puerta de la habitación, que parecía un despacho, se abrió y luego se cerró de golpe. La mujer rubia no miró atrás ni una sola vez, sus pasos arrastrados se desvanecieron por el pasillo.

“…Qué desastre”.

Era la voz amarga de otro hombre. Giré la cabeza hacia el sonido y un gigante me miró desde la esquina de la habitación.

“Una cosa es echar a Arjen, pero ya son dos, incluyendo a Iris hace un momento”.

Arjen e Iris. El protagonista y la santa. También había un tipo enorme que nunca había visto antes. Mi cabeza empieza a dar vueltas. ‘¿Eh? ¿Esta es la posesión de la que he oído hablar…? Espera. ¿a qué cuerpo he sustituido, dónde se ha ido el dueño y por qué me dice eso?’.

El gigante asesta el golpe final a mí ya desordenado estado mental.

“Entonces, ¿qué harás al respecto, Héroe?”

“………….”

Oh, mierda. Estoy jodido.

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