Cuarto Capítulo Semanal
¡Disfrútenlo!
Han Sen tuvo problemas con el bebé, después de todo esto. Y su presencia en el refugio llamó mucho la atención.
Los residentes del refugio se sorprendieron al ver al bebé, ya que normalmente los humanos no podían entrar en los santuarios hasta los dieciséis años de edad.
Por su aspecto y comportamiento, nadie lo tomó por un Espíritu o una criatura. No había nada siniestro o inusual en él, así que nadie pensó que fuera otra cosa que un bebé humano. Allí estaba, vivito y coleando en la tercera zona de El Santuario de Dios.
Siempre que Han Sen estaba en su compañía, los demás le interrogaban con preguntas. Él no podía responder a ninguna de ellas, por supuesto.
Aun así, se alegraba de haber podido ordenar al Viejo Huang y a su gente que se instalaran en el lado este del refugio. Esto significaba que no podían venir al lado de Han Sen y molestarle siempre que quisieran.
“Entonces, ¿cómo debo llamarte?” Han Sen puso al bebé frente a él.
El bebé se sentó en el suelo, mirando a Han Sen. Al verle inmóvil en sus pensamientos, tiró de la pernera de su pantalón, queriendo que la cogiera y la acunara. Luego, se durmió.
Han Sen no era el más hábil a la hora de nombrar las cosas, y esto no era diferente. Nunca había tenido tantos problemas para encontrar un nombre.
Y lo que es más, aparentemente se trataba de una niña humana a la que iba a poner nombre. No podía inventar cualquier nombre al azar.
Si fuera un varón, podría ser menos cuidadoso.
Quería idear uno bueno, porque pensaba tratarla bien. Quería criarla como una niña de verdad e inculcarle una buena moral. Cualquier niña bajo su cuidado crecería con la cabeza bien amueblada. Si crecía, no quería que se fuera con cualquier hombre vulgar que intentara cortejarla.
Pero, cada lágrima que ella lloraba era capaz de hacer crecer un Árbol de seis años. Y esas cosas eran más valiosas que un árbol hecho de dinero.
Como siempre obtendría algo a cambio, Han Sen confiaba en su decisión de criarla bien. Iba a tratarla mucho mejor que a cualquier criatura que tuviera.
Después de otro medio día de reflexión, fue incapaz de idear el nombre adecuado para ella.
“Te llamaré simplemente Bao’er1.” Le dijo Han Sen, poniendo al bebé en la cama. Luego se levantó, decidiendo ir a la Alianza para comprarle ropa.
Sin embargo, después de pasar por el teletransportador, oyó al bebé gritar, “¡Papá! ¡Papá!”
“¿Qué? ¿Cómo has llegado hasta aquí?” Han Sen se sorprendió. Nunca había visto algo no humano que pudiera hacer uso de los teletransportadores.
“¡Papá, abrazo!” Dijo Bao’er, mientras se sentaba en la placa de teletransporte.
Han Sen la levantó, con la cabeza llena de preguntas tras su llegada del santuario. Y no sólo eso, también había llegado al destino de Han Sen.
La cogió en brazos y decidió hacer otra prueba. Atravesó el teletransportador y fue llevado de vuelta al santuario con ella en brazos. Luego, volvió a la Alianza, y he aquí que funcionó.
Bao’er era como una humana, capaz de entrar y salir libremente del santuario.
Afortunadamente, Han Sen se teletransportó a su casa en la Alianza. Si vieran o se enteraran de que un bebé se había teletransportado desde el santuario, las masas se asustarían.
Y además, si la Agencia de Protección Infantil viera a Han Sen hacer eso, lo llevarían directamente a la cárcel.
Así pues, Han Sen la mantuvo en su habitación y le dio la comida de la Pequeña Yan. Después de engullirla desordenadamente, su cara quedó cubierta de crema.
Luego, Han Sen compró mucha ropa para ella en internet. Una vez hecho esto, volvió al santuario.
Aunque Bao’er parecía una humana, su comportamiento era un poco diferente.
No hacía caca ni pis por todas partes como los bebés humanos, y no lloraba fácilmente.
Aparte de las dos lágrimas que había llorado en su primer encuentro, Han Sen no la había visto soltar ni una sola lágrima.
Por supuesto, eso también se debía en parte al buen comportamiento de Han Sen con ella.
Y por el momento, los dos Árboles de Seis Frutos eran suficientes. No podía ocuparse de más, por el momento.
Los dos árboles no eran del todo como los cultivados por la Emperatriz Shakra, y estos probablemente necesitarían docenas de miles de años para madurar completamente los frutos que darían.
Conseguir gotas de agua para mantener los árboles ya era una prueba suficiente. Así que, con la esperanza de aprender algún truco nuevo, Han Sen decidió consultar a la Emperatriz Shakra y preguntarle cómo se desarrolló su árbol tan rápidamente.
La respuesta que le dio sorprendió a Han Sen. Le dijo a Han Sen que el árbol ya había pasado mucho tiempo creciendo en la tercera zona de El Santuario de Dios. Dejó de crecer después de que la echaran de regreso a la segunda zona de El Santuario de Dios, pero cuando apareció la oportunidad, empezó de nuevo.
“Necesito más gotas de agua.” Han Sen necesitaba ahora cuidar de su Pino de Sangre y de los dos Árboles de Equipamiento. Por ahora, sin embargo, tenía que prepararse.
Durante el tiempo que estuviera fuera, Han Sen encargó a Zero que cuidara de sus árboles y del bebé. En su ausencia, le dio un número de gotas de agua para que las aplicara cada día.
Afortunadamente, Bao’er no armó ningún escándalo y estuvo más que dispuesta a quedarse en el refugio. Si ella hubiera insistido en acompañarle, Han Sen no tenía ni idea de cómo habría cazado.
Tras salir del refugio subterráneo, Han Sen decidió hacer una visita al refugio humano abandonado que ahora poseía el Rey Trueno Diabólico. El refugio estaba invadida por criaturas y monstruos.
Entre todos ellos, Han Sen vio un Espíritu Aristócrata y dos criaturas divinas.
Se sorprendió al ver que el Rey Trueno Diabólico usaba tanta defensa en un recinto tan pequeño.
Pero, deseoso de saber más de lo que el Rey Trueno Diabólico había traído a la zona, Han Sen decidió aventurarse más allá de ese refugio y ver qué podría residir ahora en el Refugio de las Espinas.
No era tan tonto como para pensar en asaltar el refugio él solo, las fuerzas que había le aseguraban que no podría tomarlo fácilmente, aunque tuviera muchos acompañantes.
Sin embargo, el propósito de Han Sen no era conquistar el refugio. Su objetivo ahora era saquear el jardín botánico del Refugio de las Espinas. Estaba fuera del refugio, y aunque había guardias, Han Sen sabía que tenía lo necesario para infiltrarse en el jardín.
Acercándose sigilosamente a él, Han Sen ya podía distinguir la presencia de muchos melocotoneros. Todo el jardín estaba repleto de cosas buenas.
“Espina, dijiste que podías colarte allí. ¿Cómo?” Preguntó Han Sen, después de invocar a la Baronesa de las Espinas y hacer un gesto hacia el jardín.
Nota del Traductor:
1: Bao’er, la traducción sería ‘montaña de gemas’ o ‘montaña de tesoros’.




