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Súper Gen Divino – Capítulo 910: Puerta Arbórea

Tercer Capítulo Semanal

¡Disfrútenlo!

Han Sen tenía mejor vista y vio que la persona estaba muerta mucho antes que Chu Ming.

El muerto era un hombre y estaba vestido con un traje de la Alianza. Parecía que había estado allí durante algún tiempo.

La mejor estimación de Han Sen situaba la muerte del hombre en unos sesenta años antes de su hallazgo.

Lo que Han Sen no podía adivinar era cómo había muerto el transcendido allí. No había heridas, ni desgarros o daños visibles en el traje.

Lo único que podía determinarse era que el hombre llevaba muerto bastante tiempo, y ahora sólo quedaba el cuerpo sin vida y su polvoriento atuendo para contar su historia. Aunque el rostro del hombre se había secado como una cáscara, no estaba podrido.

“Esta persona era un humano, uno que murió hace mucho tiempo, al parecer.” Dijo Han Sen a Qu Lanxi y Chu Ming.

Cuando los tres se aventuraron a acercarse, pudieron ver mejor a la persona. Las ropas estaban bien conservadas y el rostro estaba bien.

Era un hombre de mediana edad con barba y, aunque no podían estar seguros, parecía haber fallecido en paz.

Mientras examinaban al hombre recostado contra el árbol, Han Sen hizo una lectura más precisa de la fuerza vital del árbol y se sorprendió al encontrarla más fuerte de lo que creía inicialmente. Pero, curiosamente, creyó que había algo vivo dentro de la imponente madera que la componía.

Pero aparte de lo que sentía, no había ningún indicio de que lo que pensaba fuera cierto. No había nada sospechoso en la zona que rodeaba al árbol, aunque eso en sí mismo podría haber sido el hecho más dudoso. Aparte del cadáver acostado sobre él, no había nada en los alrededores del árbol, ni vivo ni de otro tipo.

“Veamos si lleva algo encima. Tal vez podamos aprender más.” Chu Ming no perdió tiempo en palpar al hombre para ver qué podía llevar. El hombre no poseía una mochila o bolsa, sólo un número de bolsillos.

En uno de los bolsillos encontró algo.

Dentro de ese bolsillo, había una cartera y unas cuantas baratijas que no parecían indicar nada especial.

“Permíteme revisar la cartera, tal vez podamos conocer su identidad.” Chu Ming abrió la cartera y vio varias tarjetas y algo de dinero.

Sin embargo, no había ninguna tarjeta de identificación. Y tampoco había ninguna licencia. Aun así, Chu Ming examinó cada una de las tarjetas que había.

Sólo había unas pocas tarjetas de tecnología, por lo que parecía que la identidad del misterioso cadáver tendría que seguir siendo un misterio.

Sin embargo, Han Sen vio que una tarjeta tenía el símbolo del Gato de Nueve Vidas. Esto le dijo que el hombre debía tener alguna asociación con la Legión de Sangre.

Esto también le dijo a Han Sen que Chu Ming y Qu Lanxi no conocían el significado de la Legión de Sangre. Mientras Han Sen reflexionaba sobre eso, Chu Ming continuó registrando el cuerpo del hombre en busca de cualquier bolsillo secreto que pudiera haber pasado por alto.

“Detén esta profanación y muestra algo de respeto. Esta persona murió aquí, sola. Démosle el entierro del que ha sido privado durante tanto tiempo.” Dijo Qu Lanxi.

Chu Ming, sin embargo, no escuchó sus ruegos y siguió rebuscando en los bolsillos del hombre. Mientras lo hacía, dijo, “No creo que le guste ser enterrado aquí. Tal vez si podemos identificarlo, podamos darle una despedida adecuada de la Alianza en algún momento del futuro.”

Aunque lo que dijo Chu Ming pudo parecer considerado e incluso sincero, las palabras sólo se pronunciaron para someter los sentimientos de Qu Lanxi. Chu Ming quería ver si la persona fallecida tenía algo bueno, y ella no iba a interponerse en su camino.

Si conseguía descubrir armas genéticas de alta calidad en el hombre, serían increíblemente ricos. Después de todo, no era como si los muertos pudieran hacer uso de tales equipos.

Pero desafortunadamente para Chu Ming, no pudo encontrar nada. Tras esa miserable constatación, Chu Ming trató entonces de dar la vuelta al cuerpo y echar un vistazo a los bolsillos de la espalda del hombre.

Así lo hizo. Y al voltear el cuerpo, algo se deslizó. Cada uno lo miró con curiosidad.

Han Sen se agachó para recogerlo y se dio cuenta de que era un reloj antiguo.

Ya no existían relojes de ese tipo, y la gente tendía a utilizar relojes inteligentes. Las delicadas artes de los relojeros se habían perdido en su mayor parte en los anales del tiempo y la llegada de la tecnología, los relojes antiguos carecían de programación y funcionaban con la sincronización extremadamente precisa y los movimientos infalibles de los engranajes. Si querías uno de esos, el mejor lugar para encontrarlo sería en una tienda de antigüedades.

El reloj se había parado a las nueve en punto, no se sabía qué día ni qué año, ya que esos aparatos tan anticuados no daban esa información.

Pero eso no importaba, pues en los Santuarios no funcionaban esos relojes.

Han Sen examinó entonces la parte superior del reloj, y lo que vio le dejó helado. En su interior había una imagen de un hombre de mediana edad sosteniendo a un niño que debía tener unos ocho o nueve años. El hombre de mediana edad era la persona que había muerto.

Pero el niño de la foto era una persona que Han Sen había visto antes.

El niño de la foto era el padre de Han Sen. En los álbumes de fotos de su familia, Han Sen había visto muchas fotos de su padre cuando era joven. Estaba seguro, sin ninguna duda, de que el niño era su padre.

El niño incluso llevaba ropa que Han Sen podía reconocer.

Y los accesorios que llevaba también los había visto antes. Han Sen sabía que no podía haberse equivocado, y tampoco lo que estaba viendo era una coincidencia. Las posibilidades de que dos niños humanos llevaran la misma ropa y accesorios, tuvieran los mismos peinados y tuvieran un aspecto similar en la cara eran demasiado improbables.

Si el niño era el padre de Han Sen, la pregunta más importante ahora era quién era el hombre muerto. Y quienquiera que fuera, ¿por qué tenía una foto así?

El hombre no era su abuelo ni su bisabuelo, no se parecía a ellos en absoluto.

Y por más que se devanaba los sesos, Han Sen era incapaz de pensar en quién podía ser esa persona.

“San Mu, ese niño se parece a ti.” Bromeó Chu Ming, mientras miraba a Vientito.

“El destino me ha llevado a este reloj, así que me lo llevaré.” Han Sen se guardó el reloj en el bolsillo, con la intención de llevarlo y enseñárselo a su madre cuando volviera a la Alianza. Tal vez ella tuviera las respuestas que él buscaba.

“Sin embargo, es sólo un reloj. Esa cosa es inútil. ¿Por qué lo quieres tanto?” Chu Ming se rió, mientras seguía rebuscando en los bolsillos del hombre a pesar de no encontrar nada más significativo.

Justo cuando Han Sen pensaba dar la vuelta al hombre, notó algo raro. Había algo raro en el lugar contra el que el hombre había estado recostado anteriormente.

Esa parte del árbol parecía ligeramente diferente. No lo habían notado antes, ya que su atención estaba puesta en el cadáver.

Han Sen decidió inspeccionarla más de cerca, y se sorprendió al ver el tenue contorno de lo que parecía vagamente una puerta. Palpando la corteza, la mano de Han Sen recorrió un bulto con forma de pomo.

El hombre había muerto con la espalda apoyada en la puerta de un árbol.

 

 


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