Conversación entre cuatro respecto a la hija del duque (Parte 1)
El día después de que su compromiso con Algard fue cancelado, Euphilia fue vestida por un equipo de mucamas del palacio, tras haber pasado la noche en la villa real.
Ya se le había comunicado que hoy tendría una audiencia con el rey, así como con su padre, el Duque Magenta, quién acababa de llegar al palacio. Las sirvientas habían estado ocupadas preparándola desde la mañana, y ya era mediodía.
A pesar de que la estaban vistiendo de manera que no pasara vergüenza frente a la realeza, Euphilia permanecía en un sombrío estado de ánimo. Solo podía pensar en su estricto padre.
(Me pregunto si le preocuparan las apariencias cuando me vea…)
Aunque Anne-Sophia había dicho ella misma que su padre la amaba, Euphilia no podía convencerse de ello.
Hasta donde ella sabía, solo la veía como la futura reina, no como a una hija, alguien que debía convertirse en una figura a seguir para la siguiente generación. Sin importar que tanto lo intentase, no podía sacarse esa idea de la mente.
Si una apunta a ser reina, debe ser capaz de acabar con sus enemigos sin piedad o vacilación. No debe abandonar sus sentimientos, pero tampoco ser encadenada por ellos. Debe ser justa por el bien del país, sincera por el bien del pueblo. Eso era lo que le había deparado su futuro.
Incapaz de usar esas enseñanzas y ese objetivo para sostenerse, Euphilia se sentía tan débil y vulnerable como cualquier chica de su edad en su situación. Sin molestarse por esconder su melancolía, miró por la ventana.
— ¡Atrapen a la Princesa de inmediato! ¡No dejen que escape!
— ¿¡Tiene su aparato volador!? ¡Muy bien, rápido, rodéenla!
— ¡Guardia Real, den su mejor esfuerzo! ¡Debemos proteger la tranquilidad de Su Majestad!
— ¡SOMOS EL ESCUDO DE SU MAJESTAD!
— ¡Bien dicho, que comience el asalto! ¡Adelanteeee!
— ¡ORAAAA!
— ¡Sigan a los caballeros! ¡Cómo el escuadrón de mucamas personal de Su Alteza, no podemos quedarnos atrás! ¡Síganme!
— ¡DE INMEDIATO!
…Y vio una caótica escena, dónde un pequeño ejército de caballeros y mucamas corría de un lado a otro.
Y definitivamente escuchó que mencionaron a la princesa más de una vez. Euphilia no pudo evitar preguntarse qué estaba pasando ahora.
— ¡Jajajaja! ¡Por aquí, caballeros! ¡Sigan el sonido de mis aplausos!
— ¡Prepárese, Princesa Anne-Sophia!
— ¡Su Alteza, tiene una audiencia con Su Majestad y Su Excelencia el Duque Magenta, debe ponerse un vestido de inmediato!
— ¡Me rehúsooo! ¡Me vestiré como se me dé la gana, gracias!
— ¡No se lo estamos pidiendooo!
Mientras la observaba, la princesa saltó entre el suelo y las paredes para evadir a sus perseguidores, como si fuese una especie de saltamontes, con la horda de caballeros y mucamas siempre detrás de ella, creando una escena decididamente extraña.
— ¡Jajaja! ¡Lo siento, mis queridos caballeros y mucamas, pero con su permiso…!
— ¡Esto es malo, ¿Piensa saltar la pared?!
— ¡Por favor espere, Alteza!
— ¡Una princesa no espera a ningún hombre!
— …En ese caso, la detendré por la fuerza.
— ¿¡Un cazarrecompensas!?
Saltando desde lo alto de la muralla, Illya descendió como una Parca hacia Anne-Sophia, quién estaba subiéndola a toda velocidad.
La caída de ambas contra el suelo formó una nube de polvo en el patio, la cual eventualmente se despejó para revelar a Illya sosteniendo a Anne-Sophia contra el suelo.
— ¡Ahora! ¡No se preocupen por mí!
— ¡Illya…! ¡Tu sacrificio nunca será olvidado! ¡Escuadrón de mucamas, atrápenla!
— ¡Déjenoslo a nosotras…! ¡Prepárese, Princesaaa!
— ¡Malditos….! ¡Malditos seaaan!
Anne-Sophia se resistió con toda su fuerza mientras las cuerdas eran arrojadas sobre ella. Por su parte, Illya cerró sus ojos, aceptando su destino como daño colateral al ser atada junto a Anne-Sophia y cargada por un grupo de caballeros. Con el escuadrón de mucamas detrás de ellos, el resto de caballeros soltó un grito de victoria.
Tras observar la ridícula situación en silencio, Euphilia suspiró.
— Disculpen, ¿Les puedo pedir una taza de té?
Y decidió que haría todo lo posible para evitar ver el resto.
— Buen día, Princesa Anne-Sophia. Su vestido se ve maravilloso.
— Buen día, Señorita Euphilia… Las mucamas dijeron lo mismo toda la mañana… Que me queda bien, pero…
Euphilia estudió a la princesa, en su nuevo vestido. Era algo más baja que ella, lo cual, combinado con su rostro juvenil, haría difícil de creer para un desconocido que Euphilia era la más joven de las dos.
Tal como había sospechado, su piel prácticamente brillaba con algo de cuidado, el cabello rubio platino de la familia real se veía hermoso y lleno de lustre, entretejido en una intrincada trenza. El esponjoso vestido, de un color rosa claro, era perfecto para Anne-Sophia.
Si se quedara completamente quieta, y Euphilia borrase de su mente lo que había visto esa mañana y el día anterior, casi podría hacerse pasar por una princesa normal. Aunque considerando lo hermosa que se veía con la ayuda adecuada, Euphilia pensó para sí misma que sin importar qué, nunca podría olvidar que era de la realeza.
En comparación a Anne-Sophia, Euphilia se veía más femenina. En particular, su cintura haría suspirar de los celos a cualquier mujer. Aunque su pecho era modesto, era del tamaño perfecto en contraste a su esbelta y alta figura.
El cabello de Euphilia era de un tono plateado claro, que casi parecía blanco. Su lustre era tal que, bajo la luz, casi parecía brillar. Eso, sumado a su hermosa piel y rosados ojos, hacía que nadie pudiese negar su buen aspecto, aunque su fuerte voluntad tuviese la tendencia de dejar una marcada impresión. En pocas palabras, Euphilia era una belleza.
— Los vestidos son tan pesados…
— Por favor tenga paciencia.
— Su Alteza, Lady Euphilia. Su Majestad y Su Excelencia las esperan.
Con una reverencia, la mucama llevó a Anne-Sophia y Euphilia a la siguiente habitación. En ella, sentado frente a Orfans, estaba un hombre cuyas facciones eran similares a las de Euphilia.
Justo como la de Euphilia, su aguda mirada dejaba en claro su fuerza de voluntad, y su fría expresión no mostraba ninguna emoción. Un hombre cuya completa existencia parecía haber sido afilada como una espada, no era otro que el Duque Grantz Magenta.
— Ha pasado un tiempo desde la última vez que nos vimos, Lord Grantz.
— Princesa Anne-Sophia, es un placer volver a verla. Veo que se ha convertido en una hermosa mujer.
— Hermosa… Oh, milord, veo que sabe cómo halagar a las personas. ¡Casi como una princesa!
— ¿¡Quién demonios se supone que es la princesa aquí, idiota!? Apresúrate y siéntate. Euphilia, si fueras tan amable.
— …Sí, con su permiso.
Mientras que el ánimo entre Anne-Sophia y su padre – sentados uno al lado del otro – no parecía haber cambiado desde el día anterior, el de Euphilia y Grantz era todo lo contrario, frío y mecánico. Tras un momento de duda y una reverencia, Euphilia se sentó junto a Grantz.
Después de que ambas chicas se sentaron, Orfans tosió y empezó a hablar.
— Creo que todos sabemos por qué estamos aquí hoy. En primer lugar, me gustaría confirmar algunos detalles sobre lo que llevó a y lo que pasó durante la cancelación del compromiso por parte de Algard. Euphilia, entiendo que esto puede ser difícil, ¿Pero puedo pedirte que nos digas que ocurrió?
— …Sí, Su Majestad.
Tras las palabras de Orfans, Euphilia empezó a contar la historia. La cara de Orfans, por su parte, se oscurecía cada vez más conforme avanzaba.
En contraste, la expresión de Grantz no cambió para nada. Tan solo escuchó, impasible, lo que su hija tenia para decir. Pausando ocasionalmente para aliviar su sed con un sorbo de té, Euphilia eventualmente terminó de hablar.
— …Ya veo. Entonces, tras interrumpir la fiesta por accidente, se llevó a Euphilia de allí, ¿Correcto, Princesa Anne-Sophia?
— Sí, así es.
— ¿Y le ofreció la oportunidad de trabajar juntas en su investigación, por consideración hacia su situación?
— Solo con su permiso, por supuesto.
Tras escuchar a Anne-Sophia, Grantz acarició su barbilla. Como siempre, tratar de discernir su expresión era imposible.
Orfans, por otro lado, no dejaba de revolverse en su asiento, acariciando su estómago preventivamente. Los hombros de Euphilia habían empezado a temblar, y se apretaba con fuerza las rodillas.
Mientras tanto, la excéntrica princesa se mantuvo a la altura de su reputación, tranquilamente tomando té en esa situación.
— Si no me equivoco, hasta ahora, nunca había involucrado directamente a nadie en su investigación, ¿No es así, Su Alteza? En ese caso, ¿Por qué ahora?
— ¿No es suficiente motivo que me guste Euphilia?
— Si fuera tan amable, quisiera escuchar el verdadero motivo.
— Bueno, ambas nos gustamos. ¿No es eso suficiente?
Por primera vez en la reunión, Grantz sonrió. Pero, era la misma sonrisa de un depredador que tenía arrinconada a su presa. Anne-Sophia, por su parte, sonreía como un gato de Cheshire. (Nota: El de Alicia en el País de las Maravillas.)
— Simplemente, es porque la Señorita Euphilia sabe cómo se siente ser lastimada. Y por eso, no tengo que preocuparme de que me traicione.
— ¿Trai…cionarla…?
— Quiero decir que la magia es peligrosa, Señorita Euphilia.
Mientras Euphilia trataba de digerir las sorpresivas palabras de Anne-Sophia, la princesa volteó hacia ella y le sonrió tímidamente.
La magia es peligrosa. O, por lo menos, eso es lo que creo.
Es por eso que, aunque presente mi investigación y reportes de vez en cuando, no dejo a nadie – aparte de Illya – ver el funcionamiento interno de mi trabajo.
Fue difícil asegurarme que todas las mucamas se mantengan alejadas de mi taller. Por esto, solo unas pocas personas además de mí entienden una parte del proceso de investigación y desarrollo detrás de la magicología.
— Mientras más progreso haga, más útil y conveniente se volverá mi estilo de magia. Hacer que las cosas sean convenientes permite que las civilizaciones prosperen, y esa prosperidad eventualmente puede blandirse. En otras palabras, se convierte en lo que llamarías “poder”.
— Poder…
— Sí. Por eso, trato de esconder mi investigación, y no reparto este “poder” más de lo necesario. No hay problema si uso estas cosas para mí misma, pero tengo mucho cuidado acerca de lo que hago público. Y, trato de que haya tan pocas personas involucradas como sea posible.
— ¿…El motivo por el que renunció a su derecho al trono fue porque podía ver la influencia que tendría la magicología?
Euphilia no parecía entender, por lo que expliqué a qué me refería. Tras hacerlo, fue el turno de Lord Grantz de preguntar algo.
— No, eso fue más porque heredar el trono habría sido un dolor en mi tra…¿¡AAAGH?!
Antes de que pudiese terminar de hablar, recibí un golpe en la parte superior de mi cabeza. Eso fue peligroso, casi me muerdo la lengua. Con una mueca de dolor, acaricié el lugar dónde me golpearon.
Pero realmente abandone mi derecho al trono porque era una molestia, en parte. Porque “mis” valores cambiaron, y eventualmente me convencí de que no volverían a ser los mismos de antes, aunque me quedase en esa posición.
— Solo quería estudiar magicología. Eso, y no quería casarme con nadie.
— ¿Por qué razón?
— ¡Porque tendría que cuidar de los niños, ¿No?! ¡DEFINITIVAMENTE no quiero tener hijos! ¡Y por cierto, no odio a los hombres, pero a la hora de buscar pareja, tengo CERO interés en el género opuesto!
— …Entonces era cierto.
Sí. Honestamente, realmente no puedo imaginarlo. No me puedo imaginar cómo la heredera del trono. No es como si detestase la idea, pero está tan baja en mi lista de prioridades, que prácticamente no existe.
Si eventualmente hubiese heredado el trono, y al mismo tiempo seguido con mi investigación, los problemas no habrían tardado en surgir. Para ser honesta, no lo pensé mucho en su momento, pero lentamente llegué a esta conclusión con el paso del tiempo.
— Si no lo hubiese hecho, podríamos haber terminado con un problema a nivel nacional.
— ¿Por qué dice eso?
— Señorita Euphilia, ¿Qué te parece que tengo de valor? Mi magicología. ¡Pero, si de alguna forma me volviese reina, tendría que balancear mi investigación con mis deberes como líder! No tendría opción más que elegir uno por encima de lo otro. ¿Podría dejarle los asuntos del estado a mi esposo? Entonces no sería más que una marioneta. ¡En otras palabras, para poder dedicar mi tiempo al éxito de la magicología, tenía que dejar de lado mi derecho al trono!
Si realmente fuese reina, no podría evitar lidiar con asuntos estatales. Y tendría que pasar menos tiempo estudiando magicología. El problema es que, aparte de mi investigación, no soy buena para mucho más. Además, no creo que se me deba confiar una billetera tan grande como lo es el tesoro nacional.
Si fuera reina, probablemente me frustraría tanto que perdería la cabeza. Pero, si le dejase todos mis deberes a la persona con la que me haya casado, la diferencia de poder haría que diferentes facciones surjan y se divida el país.
— Después de eso, mi Padre sugirió un matrimonio político, pero tampoco estoy dispuesta a pertenecerle a algún hombre. Porque tendría el control sobre mi magicología, ¿No? Eso podría llegar a ser muy peligroso. ¡No quería involucrarme en algo tan problemático, y como ya dije, en primer lugar, no quiero casarme con un hombre!
— Cuánta dedicación…
Como si sintiera un dolor de cabeza aproximándose, mi padre se tocó la sien. ¡Bueno, por supuesto que soy dedicada! ¡Como si fuera a dejar que algo interrumpa mi divertida segunda oportunidad!
— ¡Es por eso que le di a Allie la oportunidad de ser rey! ¡Y actué un poco rebelde para asegurar su posición!
— Oh, Anise, ¿Realmente tuviste eso en cuenta?
— Bueno, no realmente, las cosas solo terminaron así.
— ¡Lo sabíaaa!
Padre parece estar llorando. Pero, hasta ahora vamos bien, ¿No?
— Sin embargo, ese plan parece haber fracasado.
— Ughh…
Lord Grantz murmuró fríamente. Mi padre, por su parte, dejó escapar un quejido de dolor. Supongo que tiene razón. Con Allie actuando de esta forma, todo el castillo de naipes se está desmoronando.
Probablemente también sea verdad que, ya que yo tenía tanta libertad, Allie estuvo bajo estricta vigilancia. Quizá. Perdón por eso, realmente lo siento.
Aunque me hubiese beneficiado de la oportunidad de conocer a la Señorita Euphilia, vino a un alto costo para la mayoría de personas involucradas, así que no hay forma de que pueda decirlo en voz alta. Especialmente dado que la culpa de este incidente era completamente de la familia real – nuestra.
— En resumen, Princesa Anne-Sophia, ¿Su plan es restaurar la reputación de Euphilia al hacerla participar en su investigación de la magicología?
— Sí. Para ser honesta, no creo que vaya a terminar bien si intentase meterme en los asuntos de Allie. No ha estado muy contento conmigo últimamente. Con eso en mente, pensé que sería mejor traerla de mi lado.
— Ciertamente, no es una mala idea. En el sentido de que sería un gran beneficio para la investigación de la Princesa… Sin embargo, ¿Qué beneficio le traería a mi familia?
Con esas palabras, la presión que exudaba Lord Grantz se incrementó dramáticamente. Podía sentir a mi padre marchitándose en su asiento.
Definitivamente era posible restaurar la reputación de la Señorita Euphilia, pero, ¿Qué significaría para la de su familia? Como dije antes, permitir que alguien sea parte de mi investigación traía toda clase de riesgos.
Siendo una familia como la del Duque Magenta, no me preocupaba que abusaran del conocimiento. Pero, sería un problema si el pueblo sintiera que tenían demasiado poder.
—¿Supongo que no tengo que explicarle a que me refiero, Princesa Anne-Sophia, viendo que lo acaba de decir usted misma?
— No.
— ¿Y aun así, quiere que Euphilia trabaje con usted?
— Sí. Porque quiero que sea feliz. Y sería una pena que su potencial se echara a perder. De hecho, me gustaría ayudarla a alcanzar su verdadero potencial.
Personalmente, no me gusta la idea de una monarquía. Alguien tendrá que matar su individualidad y convertirse en la personificación del estado. Pero, mientras este país siga siendo un reino, no creo que haya nada que pueda hacer al respecto. No es algo que pueda o esté dispuesta a cambiar.
Pero, eso no significa que – personalmente – tenga que seguir sus reglas. Quiero vivir como se me dé la gana. Desde el momento en que recuperé mis recuerdos, me volví completamente incapaz de sentarme en un trono.
Aunque, no negaré que hay ciertas cosas que son más fáciles porque soy una princesa, y no tengo ninguna queja sobre ayudar al progreso del país. Pero, si tengo que dejar de ser quien soy, entonces jamás seré reina.
Sin embargo, sé que mi egoísmo significa que alguien más tendrá que sufrir en mi lugar. Y eso no podía quedar más claro que al ver por lo que estaba pasando la Señorita Euphilia. Por eso, quiero ayudarla tanto como pueda.
— …Ya veo. Euphilia.
— …Sí, Padre.
— ¿Todavía quieres ser Reina?
Al escuchar las palabras de su padre, volteó hacia él, pero era incapaz de levantar su mirada. Sus hombros temblaban, y se estaba mordiendo el labio mientras trataba de encontrar las palabras.
Grantz, mientras tanto, tan solo observaba a Euphilia. Los segundos se sintieron como horas, pero finalmente Euphilia empezó a hablar, con lágrimas en las mejillas.
— ¡Realmente… lo siento…!
— ¿…De qué te estás disculpando?
— Lo siento tanto… ¡Arrastré el nombre de nuestra familia… por el barro…! ¡Haré todo lo que pueda por limpiarlo… pero… ya no puedo… ser Reina…!
Su voz era interrumpida por intermitentes sollozos. Todo el cuerpo de Euphilia se sacudía mientras intentaba desesperadamente limpiar las lágrimas que manchaban su vestido.
Los ojos de Grantz se entrecerraron ligeramente al escucharla, como si no le hubiese gustado su respuesta.
— Euphilia, te lo preguntaré una vez más. ¿Quieres ser Reina?
— No puedo ser una…
— No estoy preguntándote si puedes o no. Te estoy preguntando si quieres.
— ¡…No puedo hacerlo! ¡Lo siento! ¡Lo siento tanto…!
Sacudiendo su cabeza con vigor, Euphilia repitió las mismas palabras una y otra vez. La expresión de Grantz no cambió mientras observaba a su hija.
— Ah, um… Lord Grantz, creo que no lo está explicando correctamente. Señorita Euphilia, tú tampoco estás respondiendo su pregunta.
— ¿Eh…?
Anne-Sophia, quien parecía estar incómoda mientras rascaba su mejilla, intercedió entre ellos.
— ¿Quién, exactamente, dijo que no podías ser Reina? Lord Grantz te está preguntando qué es lo que quieres hacer, Señorita Euphilia. Pero le estás respondiendo como si alguien hubiese tomado la decisión por ti. Por eso te está pidiendo que le respondas de otra manera, ¿Cierto?
Anne-Sophia volteó de Euphilia y dirigió su pregunta a Grantz, quién solo la miró una vez antes de volver a darle toda su atención a su hija.
— Euphilia.
— …Sí.
— Te crie para que fueras una reina, por lo que quería ver si aún pretendías convertirte en una. Sin embargo… Si eso no es lo que quieres, entonces…
Lo que pasó a continuación provocó que los ojos de Euphilia se abrieran de par en par.
Grantz levantó su mano… y acarició su cabeza. Con dedos torpes, pasó la mano por su cabello.
— Lo terminaremos. El compromiso que el Rey sugirió, si decides que ya no lo deseas, entonces respetaré tu decisión.
— ¿Padre…?
— Sin importar quien quiera hacerte su reina, si eso no es lo que quieres, te protegeré con todo mi ser. Euphilia, quiero que seas feliz. Hasta este día… No he sido la clase de padre que te mereces.
— ¡Eso no es cierto…! ¡Padre, solo he llegado hasta aquí por todo lo que me has enseñado! ¡Por favor, no digas eso! ¡Es mi culpa por ser tan tonta y avergonzar el nombre de nuestra familia…!
— Mi hija no es ninguna tonta. Pero… Que así sea, si no puedes perdonarte, yo te perdonaré en tu lugar. Nuestra familia no es tan débil como para caer por un pequeño error que mi hija haya cometido.
— Por favor no digas esas cosas… Por qué, no puedo…
La voz de Euphilia apenas era más que un susurro, y sus lágrimas no dejaban de caer.
Desde que era una niña, su futuro como prometida del príncipe había sido decidido por ella. Era lo que la había empujado hacia adelante, lo que la había inspirado a convertirse en alguien digna de la posición.
Había dado todo de sí. Si iba a ser la reina del país, nunca podría ser egoísta o una carga para nadie. Para poder liderar el país junto al rey, debía ser más inteligente y más fuerte que el resto.
Y por eso, las palabras de su padre le parecían extrañas. No debería tener permitido hacer lo que quisiera, actuar por su propia voluntad. Con el corazón confundido, Euphilia se abrazó a sí misma fuertemente, como si el muro que lo había mantenido a salvo fuese a romperse y desaparecer si no lo hacía.
— Por favor, dime que me equivoqué… ¡Que fue mi culpa no poder detener al Príncipe Algard por ser inútil, que fui demasiado débil para responder a sus acusaciones, si no lo haces, yo…!
— Estás actuando como una niña, Euphie.
¿Euphie…? Un nostálgico recuerdo que creía haber olvidado hace mucho resurgió en su mente. Y, al levantar la mirada, vio la sonrisa preocupada de Grantz.
Ahh, ahora lo recordaba. Eso es lo que su padre solía llamarla, ¿No es así? Que sonido tan nostálgico. De un tiempo antes de que se convirtiese en la prometida del príncipe, cuando solo era su hija.
— Es como si no hubieras crecido nada. Como si, ese día, el tiempo se hubiese detenido. Todavía eras mi pequeña Euphie, siempre lo has sido, pero no pude verlo. Soy un padre patético.
— Padre…
— Te enseñé cada día como actuar con gracia y elegancia, porque imaginé que un día cargarías con el peso del país en tus hombros, y fui estricto contigo porque no quería verte caer frente a las dificultades que enfrentarías en el futuro. Pero, solo te estaba cubriendo con una armadura, sin prestar atención a lo que había debajo. Soy una vergüenza como padre…
— Por favor no digas eso. ¡Aunque lo digas tú mismo, no puedo escuchar a alguien degradándote, Padre!
— Entonces, por favor dile a la miserable excusa que tienes por padre, que ni siquiera pudo ver el dolor por el que pasaba su hija… ¿Todavía tienes esperanzas de ser Reina, Euphie?
Con una mano, acarició la mejilla de Euphilia, limpiando sus lágrimas. Euphilia, a su vez, la tomó entre las suyas.
Sus manos torpes y grandes, pero cálidas. Eran las mismas manos que recordaba de su niñez. Y, en ese momento, el obstinado muro que había puesto alrededor de su corazón finalmente cedió.
— …Lo siento, Padre. Pero ya no puedo estar junto al Príncipe Algard. Ya… no deseo ser Reina.
— …Ya veo.
— …Lamento desperdiciar todo el esfuerzo que has hecho hasta ahora.
— Está bien. Euphie, mi único deseo es que puedas sonreír – sonreír de verdad – desde el fondo de tu corazón. Diste tu mejor esfuerzo. Y te pido perdón por haber tardado tanto en verlo. Lo siento, Euphie.
Grantz abrazó fuertemente a Euphilia. Y Euphilia empezó a llorar, enterrando su cara en su pecho.
Viendo a su hija con una cálida expresión, Grantz acarició suavemente su espalda para consolarla.
— ¡Ohh, que momento, Padre! ¿¡No es genial esta atmósfera!? ¡Míralos, es como si estuvieran en su propio mundo!
— ¡Túuuuu! ¿¡Incluso en un momento así, te atreves!?
— ¡Mi cuello! ¡Mi cuello debería estar fuera de los límites! ¡Padre, no puedo respiraaar! ¡Referí! ¿¡Dónde está el referí!? ¡Me rindo, me rindo! ¡Ahh, no aprietes más fuerte!
Con una mano, Orfans se limpió una lágrima, verdaderamente apenado por todo lo que había pasado. Con la otra, apretó la garganta de su estúpida hija.
Anne-Sophia, forcejeando para escapar, golpeaba sus brazos mientras palidecía lentamente.
Cuando el dúo real empezó a hacer ruido otra vez, Grantz y Euphilia voltearon hacia ellos, y luego a verse el uno al otro.
Y, como si dijeran ‘que molestia’, intercambiaron una pequeña sonrisa.
[Extra: En la novela ligera, hay una escena en la que Euphilia y Anne comparten la cama por una noche y charlan sobre sus vidas. No encaja con la forma en que está escrita la novela web, por lo que ha sido excluida, pero aquí está la ilustración.]





